La minería de bitcoin podría convertirse en una nueva pieza de la estrategia energética y tecnológica de Colombia. El presidente Gustavo Petro planteó esta semana la posibilidad de transformar ciudades de la costa Caribe como Barranquilla, Santa Marta y Riohacha en centros de minería impulsados por excedentes de energía renovable, siguiendo un modelo similar al que permitió a Paraguay convertirse en uno de los actores emergentes más relevantes del sector.
La propuesta llega en un momento clave para la industria global. Mientras varios operadores estadounidenses están redirigiendo inversiones hacia inteligencia artificial y centros de cómputo de alto rendimiento, países con acceso a electricidad barata y limpia comienzan a disputar una mayor participación en el hashrate mundial de Bitcoin. En ese contexto, Colombia busca posicionarse como un nuevo destino atractivo para empresas mineras.
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Qué propone el presidente de Colombia para impulsar la minería de bitcoin
El plan expuesto por Petro se centra en aprovechar la capacidad energética renovable que actualmente no está siendo utilizada plenamente, especialmente en la región Caribe. Según explicó el mandatario en una publicación en X, la idea es utilizar esa electricidad excedente para alimentar operaciones de minería de bitcoin en ciudades estratégicas del norte del país.

El presidente describió el proyecto como “un impulso inmenso para el desarrollo del Caribe”, y además sugirió que la comunidad indígena Wayúu —la más grande del país y con fuerte presencia en La Guajira— pueda tener participación accionaria o co-propiedad en los futuros proyectos mineros.
La propuesta mezcla varios objetivos: aprovechar recursos energéticos infrautilizados, atraer inversión tecnológica, generar desarrollo económico regional y reducir el impacto ambiental asociado históricamente con la minería de criptomonedas.
Por qué la costa Caribe es clave para este proyecto
El potencial energético de la costa Caribe colombiana ha sido identificado desde hace años, especialmente en generación eólica y solar. Sin embargo, gran parte de esa capacidad todavía no ha sido explotada comercialmente a gran escala.
Un informe del Banco Mundial publicado en 2024 señaló que aproximadamente el 75% de la electricidad generada en Colombia proviene de fuentes renovables, una cifra que duplica ampliamente el promedio global. Esa matriz energética convierte al país en uno de los mercados latinoamericanos con mejores condiciones para desarrollar actividades intensivas en consumo eléctrico con menor huella de carbono.
En particular, departamentos como La Guajira concentran algunos de los proyectos eólicos más ambiciosos de Sudamérica gracias a sus condiciones climáticas y velocidad constante del viento. Petro considera que utilizar esa energía “ociosa” para minería de bitcoin sería más eficiente que dejarla sin uso.
El argumento ambiental también es central dentro de la narrativa oficial. La minería de bitcoin ha enfrentado críticas internacionales por su elevado consumo energético y su dependencia de combustibles fósiles en algunos países. Colombia intenta diferenciarse presentando un modelo basado en electricidad renovable sobrante.
Paraguay se convierte en el espejo regional
La referencia más directa del gobierno colombiano es Paraguay, país que en pocos años pasó de ser un actor marginal a convertirse en una de las jurisdicciones mineras más importantes del mundo.
El comentario de Petro surgió como respuesta a una publicación de Alessandro Cecere, de Luxor Technology, quien destacó recientemente que Paraguay ya concentra alrededor del 4,3% del hashrate global gracias a su acceso a energía hidroeléctrica barata proveniente principalmente de la represa Itaipú.
Actualmente, Paraguay figura como el cuarto mayor centro de minería de bitcoin del planeta, solo por detrás de Estados Unidos, Rusia y China, según datos de Hashrate Index.
El atractivo paraguayo se construyó sobre un elemento clave: electricidad renovable extremadamente económica. El país genera mucha más energía de la que consume internamente gracias a Itaipú y otras centrales hidroeléctricas. Esa abundancia permitió que, entre 2021 y 2022, empresas mineras pudieran asegurar tarifas cercanas a los 0,03 dólares por kilovatio-hora, uno de los costos más bajos del mundo.
Esa ventaja impulsó una migración de operadores internacionales hacia Paraguay en plena expansión de la industria tras la prohibición minera en China.
El modelo paraguayo también muestra riesgos
Aunque Paraguay representa un caso de éxito relativo, el ejemplo también evidencia los desafíos que Colombia podría enfrentar si intenta replicar la estrategia.
Los costos eléctricos paraguayos se han incrementado considerablemente en los últimos años y las exigencias regulatorias han endurecido las condiciones para nuevos participantes. La estatal energética ANDE comenzó a exigir depósitos más elevados y mayores garantías financieras, lo que terminó expulsando a operadores pequeños y medianos del mercado.
Aun así, compañías con mayor capitalización, como HIVE Digital Technologies y Penguin Group, continúan expandiendo operaciones en el país.
El caso paraguayo demuestra que la disponibilidad de energía barata por sí sola no garantiza estabilidad para el sector. La existencia de marcos regulatorios claros, licencias definidas y acuerdos tarifarios sostenibles resulta igual de importante para consolidar una industria minera competitiva a largo plazo.
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La salida parcial de Estados Unidos abre una oportunidad
El contexto internacional también juega a favor de países emergentes interesados en la minería de bitcoin. Durante los últimos meses, varias empresas estadounidenses del sector comenzaron a modificar sus estrategias de negocio ante la creciente rentabilidad de la inteligencia artificial.
Operadores mineros que cotizan en bolsa han firmado acuerdos multimillonarios relacionados con infraestructura para IA y computación de alto rendimiento. Esa transición ha llevado incluso a algunas compañías a reducir sus reservas de bitcoin para financiar inversiones tecnológicas.
El movimiento está alterando progresivamente el mapa global del hashrate. Mientras parte de la infraestructura minera estadounidense se reorienta hacia centros de datos para IA, otros países con costos energéticos más bajos comienzan a captar interés de la industria.
En ese escenario, Colombia aparece como un candidato potencialmente competitivo debido a dos factores que el mercado valora especialmente: disponibilidad de energía renovable y una narrativa política favorable hacia la industria.
Qué significa esto para Colombia y la economía regional
Si la propuesta avanza más allá de las declaraciones públicas, el impacto podría extenderse a varios niveles económicos y tecnológicos.
Por un lado, la minería de bitcoin requiere inversiones en infraestructura energética, redes eléctricas, sistemas de refrigeración y centros de datos especializados. Eso podría traducirse en empleo técnico y desarrollo industrial en regiones históricamente rezagadas del Caribe colombiano.
Además, la inclusión potencial de comunidades Wayúu como copropietarias de proyectos mineros introduce un componente político y social poco común dentro de la industria global. Petro intenta presentar la minería no solo como una actividad tecnológica, sino también como una herramienta de desarrollo regional e inclusión económica.
Sin embargo, el éxito dependerá de cómo el gobierno logre equilibrar incentivos para inversionistas con estabilidad regulatoria y beneficios locales reales.
Los desafíos regulatorios podrían frenar el proyecto
A pesar del potencial energético colombiano, convertir la idea presidencial en una política pública concreta no será sencillo.
Actualmente, Colombia no cuenta con un marco regulatorio específico y consolidado para operaciones de minería de bitcoin a gran escala. La industria cripto en el país ha avanzado principalmente mediante iniciativas piloto y regulaciones parciales relacionadas con exchanges y activos digitales.
Para atraer operadores internacionales, el gobierno tendría que definir aspectos esenciales como:
- Licencias para operaciones mineras.
- Tarifas energéticas competitivas.
- Seguridad jurídica para inversionistas.
- Tratamiento tributario.
- Normas ambientales y de conexión eléctrica.
- Participación comunitaria en proyectos energéticos.
Además, existe el desafío político. La minería de bitcoin continúa siendo un tema sensible en varios países debido a debates sobre consumo energético, volatilidad del mercado cripto y riesgos regulatorios.
Aunque Petro busca diferenciar el proyecto utilizando energía renovable sobrante, aún podrían surgir resistencias desde sectores ambientales, regulatorios o incluso dentro del sistema energético nacional.
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Qué puede pasar ahora con la minería de bitcoin en Colombia
Por el momento, la propuesta se mantiene en una etapa preliminar y no existen anuncios oficiales sobre licencias, inversiones concretas o alianzas empresariales confirmadas.
No obstante, las declaraciones del presidente colocan a Colombia dentro de la conversación internacional sobre el futuro geográfico de la minería de bitcoin. En un mercado donde el acceso a energía barata y limpia se ha convertido en el principal factor competitivo, la costa Caribe colombiana podría ganar relevancia si logra desarrollar infraestructura y marcos regulatorios adecuados.
La evolución del proyecto también dependerá del comportamiento del mercado global. Si la migración parcial de mineros estadounidenses hacia inteligencia artificial continúa acelerándose, países latinoamericanos con excedentes energéticos podrían captar una mayor porción del hashrate mundial durante los próximos años.
Para Colombia, la apuesta representa algo más amplio que criptomonedas. El gobierno intenta posicionar al país como un actor regional en infraestructura digital y aprovechamiento energético, utilizando la minería de bitcoin como punto de entrada hacia una economía tecnológica más vinculada a energías renovables y centros de datos de nueva generación.



















































