Blast cerrará su red Ethereum Layer 2 tras perder el 98% de sus activos

Blast, una red Layer 2 de Ethereum que llegó a superar los $2.000 millones en activos, anunció su cierre tras concluir que los costos de operación ya no pueden sostenerse con los ingresos generados por la cadena.
En esta nota8 secciones
- Blast ya no puede cubrir sus costos operativos
- El token BLAST también refleja el deterioro del proyecto
- El problema de Blast va más allá de una sola blockchain
- Coinbase y Robinhood aumentan la presión sobre las Layer 2 independientes
- La seguridad se convierte en otro costo estructural
- ¿Qué deben hacer ahora los usuarios de Blast?
- El cierre de Blast muestra el costo de depender de la especulación
- El mercado de Layer 2 entra en una etapa de consolidación
Blast pondrá fin a sus operaciones después de poco más de dos años de actividad. La decisión llega tras un fuerte deterioro de la actividad de la red: el valor total bloqueado pasó de un máximo superior a $2.000 millones en junio de 2024 a unos $32 millones, mientras los ingresos derivados del uso de la cadena se redujeron a niveles marginales.
El equipo de Blast explicó que los costos necesarios para mantener la infraestructura superan actualmente los ingresos generados por la Layer 2 y que no existe una vía creíble para alcanzar una operación económicamente sostenible. La compañía también estableció el 26 de octubre de 2026 como fecha límite para que los usuarios retiren sus activos mediante la interfaz habitual de Blast. Después de ese día, los retiros seguirán siendo posibles, pero deberán realizarse directamente mediante los contratos del puente hacia Ethereum.
La desaparición de Blast pone sobre la mesa una cuestión que empieza a ser central para el mercado de las Layer 2: tener tecnología, capital inicial y usuarios durante una fase especulativa no garantiza que una blockchain pueda convertirse en un negocio sostenible a largo plazo.
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Blast ya no puede cubrir sus costos operativos
La explicación oficial del cierre es esencialmente económica.
Blast señaló que fue creada con el objetivo de construir una red autosostenible para usuarios y desarrolladores. Sin embargo, con la caída de la actividad, los costos de mantenimiento de la Layer 2 terminaron superando los ingresos que genera la propia red.
La situación contrasta fuertemente con el momento de mayor expansión de Blast.
Durante los primeros meses de 2024, el proyecto consiguió atraer grandes cantidades de capital incluso antes de que la red estuviera completamente operativa. Más de $1.100 millones habían sido depositados antes del lanzamiento, impulsados en parte por las expectativas alrededor del ecosistema y de un eventual lanzamiento de tokens.
El entusiasmo inicial permitió que Blast alcanzara posteriormente un máximo de aproximadamente $2.200 millones en valor total bloqueado en junio de 2024.
Pero ese capital no permaneció en la red.
Según los datos de DeFiLlama citados en los reportes sobre el cierre, el TVL de Blast se redujo hasta aproximadamente $32 millones, una contracción cercana al 98% respecto al máximo de 2024. Los datos actuales de DeFiLlama sitúan el TVL de la cadena alrededor de los $31,65 millones.
La diferencia entre ambos momentos ilustra la velocidad con la que puede desaparecer la liquidez de una red cuando los incentivos dejan de atraer capital.
De miles de millones a ingresos marginales
El deterioro también aparece en las métricas de ingresos.
Blast llegó a generar alrededor de $3,5 millones en ingresos durante junio de 2024, cuando la actividad de la red estaba cerca de sus máximos. Para el periodo más reciente señalado en el reporte, los ingresos mensuales habían caído hasta apenas $1.793.
DeFiLlama muestra actualmente una actividad económica todavía reducida: la cadena registra decenas de miles de dólares en volumen DEX semanal y unos ingresos diarios que se sitúan en niveles muy bajos frente a los registrados durante su etapa de mayor actividad.
La diferencia entre los ingresos máximos y los actuales es especialmente relevante porque una Layer 2 no funciona únicamente con contratos inteligentes desplegados y usuarios conectados. Mantener una red implica asumir costos de infraestructura, desarrollo, operación y seguridad.
Cuando las transacciones y las aplicaciones dejan de generar suficiente actividad, esos costos dejan de estar respaldados por ingresos.
El token BLAST también refleja el deterioro del proyecto
La crisis de la red tuvo un reflejo inmediato en su token nativo.
BLAST cayó alrededor de 19% después del anuncio del cierre, profundizando una caída que ya había llevado al activo aproximadamente 98% por debajo de su precio de lanzamiento, según el reporte de CoinDesk.
La evolución del token es otro indicador de cómo cambió la percepción del mercado alrededor del proyecto.
Durante la etapa inicial, Blast consiguió atraer capital y atención gracias a sus incentivos y expectativas de crecimiento. Sin embargo, a medida que disminuyeron la liquidez y la actividad, también se redujo la capacidad del ecosistema para sostener la valoración asociada al proyecto.
DeFiLlama registra actualmente a BLAST muy cerca de sus mínimos históricos, con una capitalización de mercado de alrededor de $24 millones en el momento de la consulta.
El comportamiento del token y el de la propia blockchain no son exactamente equivalentes, pero ambos muestran la magnitud del cambio ocurrido desde 2024.
El problema de Blast va más allá de una sola blockchain
El cierre de Blast también puede interpretarse dentro de una transformación más amplia del mercado de las Ethereum Layer 2.
Durante los últimos años, el ecosistema ha experimentado una expansión importante del número de redes construidas sobre Ethereum. La aparición de nuevas cadenas permitió a exchanges, aplicaciones y proyectos crear entornos específicos con menores costos de transacción y mayor control sobre la experiencia del usuario.
El problema es que cada nueva red necesita atraer tres elementos al mismo tiempo: usuarios, desarrolladores y actividad económica.
Sin ellos, las comisiones generadas por las transacciones pueden resultar insuficientes para cubrir los costos asociados con la operación de la infraestructura.
Blast representa un caso especialmente visible porque consiguió reunir una cantidad considerable de capital durante su fase inicial, pero posteriormente no logró mantener una escala comparable de actividad.
El mercado, mientras tanto, se ha vuelto más competitivo.
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Coinbase y Robinhood aumentan la presión sobre las Layer 2 independientes
Uno de los cambios más importantes es la entrada de grandes plataformas con millones de usuarios propios en el negocio de las redes blockchain.
Coinbase desarrolló Base, una Layer 2 de Ethereum construida sobre OP Stack y respaldada por el ecosistema de productos, usuarios y desarrolladores de Coinbase. La propia compañía presenta Base como una red de bajo costo y orientada al desarrollo de aplicaciones onchain.
Ese modelo tiene una diferencia estructural frente a proyectos que deben construir su distribución desde cero.
Una plataforma como Coinbase ya dispone de usuarios, liquidez, infraestructura, desarrolladores y canales de adquisición. Una Layer 2 independiente tiene que competir por esos mismos recursos.
Robinhood ha seguido una estrategia similar.
La compañía lanzó Robinhood Chain, una Layer 2 de Ethereum construida con tecnología de Arbitrum. El testnet público comenzó en febrero de 2026 y la red llegó a mainnet el 1 de julio de 2026, con un enfoque inicial en activos tokenizados y servicios financieros onchain.
Esto añade una nueva dimensión a la competencia: las grandes plataformas financieras no solo pueden utilizar blockchain como una infraestructura externa, sino que también pueden construir redes propias alrededor de sus productos.
Para una Layer 2 más pequeña, captar usuarios en ese escenario resulta considerablemente más difícil.
La seguridad se convierte en otro costo estructural
La economía de una blockchain tampoco puede analizarse únicamente a través de las comisiones.
Una red que maneja activos de usuarios necesita mantener infraestructura, desarrollar software, corregir vulnerabilidades y preservar mecanismos de seguridad suficientemente robustos.
El aumento de los incidentes de seguridad en la industria ha puesto todavía más atención sobre esos costos. A medida que aumenta la sofisticación de los ataques, los equipos necesitan dedicar más recursos a auditorías, monitoreo, infraestructura y mantenimiento.
En una red con grandes volúmenes de actividad, esos costos pueden repartirse entre millones de transacciones.
En una cadena cuyo uso se ha reducido drásticamente, la ecuación cambia.
El problema de Blast, por tanto, no consiste simplemente en que el proyecto haya perdido usuarios. La cuestión fundamental es que la escala económica necesaria para sostener una blockchain dejó de existir.
¿Qué deben hacer ahora los usuarios de Blast?
El anuncio tiene una consecuencia práctica inmediata para quienes todavía mantienen activos en la red.
Blast está pidiendo a los usuarios que retiren sus fondos hacia Ethereum. El equipo estableció el 26 de octubre de 2026 como fecha límite para utilizar el proceso normal de retiro mediante la interfaz de Blast.
Después de esa fecha, los activos no desaparecerán automáticamente. Sin embargo, el proceso será más técnico: los usuarios tendrán que interactuar directamente con los contratos del puente de Blast en Ethereum.
La compañía ha señalado que publicará instrucciones para ese procedimiento.
Por ello, para cualquier usuario que todavía tenga fondos en Blast, la fecha del 26 de octubre es especialmente relevante. El cambio no significa que los activos queden necesariamente bloqueados después de esa fecha, pero sí que el procedimiento de recuperación será diferente y requerirá una interacción directa con contratos.
El cierre de Blast muestra el costo de depender de la especulación
La trayectoria de Blast resume uno de los ciclos más habituales del mercado cripto.
Primero llega el capital. Después aparecen los incentivos. El crecimiento del TVL atrae nuevos usuarios y proyectos, y ese crecimiento puede crear la impresión de que la red está consolidando una posición permanente dentro del ecosistema.
Pero el capital incentivado no necesariamente equivale a una base de usuarios sostenible.
El caso de Blast es especialmente significativo porque la red pasó de más de $2.000 millones en activos a unos $32 millones, mientras sus ingresos se desplomaron desde millones de dólares mensuales hasta cifras marginales.
La diferencia entre ambos momentos muestra que una métrica como el TVL debe interpretarse junto con otras variables: actividad real, transacciones, ingresos, desarrolladores, aplicaciones y capacidad de generar demanda que no dependa exclusivamente de incentivos.
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El mercado de Layer 2 entra en una etapa de consolidación
El cierre de Blast no significa que el modelo de las Layer 2 de Ethereum haya dejado de funcionar. Más bien evidencia que no todas las redes pueden sostenerse indefinidamente en un mercado con más competencia y usuarios limitados.
La presencia de Coinbase, Robinhood y otros grandes actores introduce una presión adicional sobre proyectos que necesitan construir simultáneamente infraestructura y distribución.
En este escenario, el desafío ya no es únicamente lanzar una blockchain técnicamente funcional.
La pregunta es mucho más difícil:
¿Puede la red generar suficiente actividad económica para pagar por su propia operación una vez que desaparecen los incentivos iniciales?
Blast llegó a tener una respuesta aparentemente positiva durante su etapa de mayor crecimiento. Más de dos años después, sus propios responsables concluyeron que la respuesta había cambiado.
Para los usuarios, la prioridad inmediata es retirar los activos antes del 26 de octubre mediante la interfaz habitual. Para la industria, el caso deja una señal más amplia: en un mercado de Layer 2 cada vez más competitivo, la sostenibilidad económica puede terminar siendo tan importante como la tecnología que sostiene una blockchain.
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